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Con amor todo florece

Damary Fundora y su esposo, Juan Alberto González, cultivan orquídeas desde hace más de 10 años en el traspatio de su hogar, conocido como Casa Verde, donde abunda una gran variedad de especies en diferentes tamaños y colores.

Más de 400 especies conviven en este frondoso espacio del poblado matancero de Cidra donde, más que amor, parece brotar magia. 


Las orquídeas son plantas que necesitan luz pero poco sol. Requieren de cuidados especiales durante su crecimiento, el cual se caracteriza por ser lento. Todo depende del empeño de sus cultivadores, las condiciones adecuadas y, según cuenta Damary, hasta un poco de conversación con ellas.


Algunas cohibidas, otras más frondosas y atrevidas, muestran una belleza singular que cautivan la atención de cualquier visitante. Sus retoños florales les otorgan personalidad y algunas de ellas parecen cobrar vida.


Cada ejemplar de este patio cuenta con una ficha técnica con el género y familia al cual pertenecen. La especial atención que han puesto sus dueños le ameritaron el reconocimiento del Orquidiario Nacional de Cuba como uno de los mayores productores del país.


La diversidad de plantas trepadoras y terrestres en Casa Verde, se debe, entre otras razones, al efectivo sistema de reproducción que aplican los dueños a partir del sustrato de zeolita y otros componentes, así como el intercambio con instituciones y aficionados a este arte.


Cuando de amor se trata resulta inevitable descartar a la naturaleza, creadora de tal exotismo que asombra y regala a sus cultivadores, con cada retoño, una nueva alegría. 








Hasta la cima de Monserrate

Sube la loma, así se nombró el evento que protagonizaron patinadores del equipo nacional junto a atletas matanceros y aficionados entre 5 y 40 años de edad en un recorrido desde el insignie teatro Sauto hasta la Ermita de Monserrate de la ciudad yumurina.

Con carácter masivo el evento se realizó por segunda ocasión en Matanzas, esta vez en saludo al Aniversario 53 del INDER, y como parte del programa "patinadores en la prevención del VIH" que se desarrolla en las provincias de La Habana y Cienfuegos.

Según el capitán del equipo nacional de esta disciplina, Tony García Acuña, se eligió el territorio matancero debido a que las condiciones físicas eran adecuadas para el objetivo del recorrido. "Otras localidades reunen los requisitos pero las lomas se ubican fuera del pueblo y este municipio, además de su belleza, cuenta con zonas elevadas dentro de la ciudad"

Con gran esfuerzo todos los participantes llegaron a la cima en buen estado de salud. Los niños pusieron esfuerzo y mucho empeño para realizar la hazaña, entre ellos las pequeñas Camila Chávez y Carla Garlobo, quienes a pesar del cansancio y la corta experiencia, demostraron que todo es posible incluso con cinco años.

El evento, que constituye motivo de entusiasmo para participantes y padres, se repetirá en febrero del próximo año con el propósito de sumar a otros interesados y promover la práctica de este deporte.

Ellos también tienen un hogar

Llegué una tarde al hogar para infantes y adolescentes sin amparo filial de Matanzas. Allí me recibió el director y algunos trabajadores, pues los niños estaban en la escuela.

La estructura interior del local, la decoración de la sala, el comedor y otras áreas son diferentes a las de una beca escolar y muy semejantes a las del hogar de cualquier cubano.

La educación y el cariño que manifiestan los niños hacia el personal del centro resultan bastante notables. Llegar del colegio y saludar con besos y abrazos a todos o ayudar a las trabajadoras en algunos quehaceres destaca entre algunas de las acciones que realizan.

“Nos sentimos como una gran familia”, refiere Greisy N. Ojito Guédez, una de las cuatro niñas que viven allí. “Nos ayudan con las tareas de la escuela, nos apoyan para todo y si nos comportamos incorrectamente también nos llaman la atención”.

Estar junto a ellos durante algunas horas constituye una grata experiencia. No es difícil imaginar el esfuerzo que realiza el personal y el amor que sienten hacia su oficio y, sobre todo, por esos pequeños.

Mirian Betancourt Valido, cocinera y fundadora de la institución, expresa: “tenemos niños desde los 6 hasta los 18 años. Por lo general, ellos llegan por primera vez con hábitos inadecuados; sin embargo nosotros nos encargamos de educarlos poco a poco.

“Luego, cuando pasan los años y egresan, nos encontramos con muchos de ellos y notamos los cambios que tuvieron. Resulta gratificante percibir cuánto crecieron, aprendieron y fueron capaces de integrarse a la sociedad y formar su propia familia. Reconforta mucho saber que el trabajo realizado por ellos fue realmente bueno y que valió la pena tanto esfuerzo en este lugar”.

El centro cuenta actualmente con una matrícula de siete niños y adolescentes, a quienes el estado cubano garantiza salud, educación, alimentación, estipendio y vestuario gratuito, entre otras posibilidades hasta que alcancen su mayoría de edad.

“Nuestro objeto social consiste en brindarles una atención adecuada y esmerada de manera que se sientan bien y nos vean como su familia. Los niños se sientes felices y seguros”, comenta el director del hogar Felipe Santiago Hernández Sánchez a quien también los pequeños llaman padre, papá e incluso viejo.

La matrícula en el centro se produce por diferentes razones entre las que destacan el fallecimiento de los padres, enfermedades mentales, abandono por parte de la familia, entre otras causas. Luego de un estudio que realiza el Consejo de Atención a Menores en cada municipio se determina la entrada del niño o adolescente a la institución.

“Aquí tienen garantizado todo, su vestuario, alimentación y a nosotros, quienes trabajamos por ellos cada día. Los cuidamos cuando se enferman, les advertimos de cualquier peligro y los mimamos como si fueran nuestros propios hijos.

“Se trata de una labor cotidiana como la de cualquier familia. Les exigimos que cumplan con sus tareas escolares y los apoyamos en todo. Nos esmeramos porque estén bien atendidos, velamos por su correcta higiene, pelado y porque reciban todo el afecto y las atenciones que pudieran darles sus padres, quienes en estos momentos no viven con ellos”, refiere Hernández Sánchez.

El local se encuentra en un adecuado estado gracias a la ayuda humanitaria de personas e instituciones que se solidarizan por la causa de estos infantes y adolescentes. El club de motos clásicas, las logias Verdad y Libertad, la Fundación de Ayuda Humanitaria para las Antillas (FAHA) de Holanda, y otras, destacan entre los numerosos grupos que cooperan con el centro y brindan felicidad a esos siete pequeños mediante visitas y otras iniciativas.

El hogar de Matanzas para niños sin amparo filial ha acogido desde 1986 a más de 60 infantes y adolescentes, a quienes la vida privó de una familia legítima que cuidara de ellos en sus primeros años. Hoy muchos son hombres y mujeres, y algunos trabajan como profesionales de nuestra sociedad.

 

Ellos también merecen amor

Hogar de Ancianos:
Dr Mario Muñoz Monroy
La Geriatría es una profesión que requiere de mucho amor y paciencia. Dolores Gell Hechavarría, licenciada en rehabilitación social y ocupacional, nos comenta sobre lo mucho que le apasiona ayudar a las personas de la tercera edad.
El regalo de ser testigos de milagros que se hacen realidad, de compartir con ellos la alegría en esa etapa de su vida y la gratitud de los abuelitos, es una de las mayores recompensas para los especialistas que laboran en estos centros.
El Hogar de Ancianos de la ciudad de Matanzas, Dr Mario Muñoz Monroy, brinda, al igual que otras diez instituciones de la provincia, atención especial a casos sociales que no cuentan con atención familiar.
Para sus trabajadores constituye un oficio de mucho sacrificio, pero a la vez uno de los más bellos. Y para quienes viven allí resulta una bendición haber llegado a la institución.
“Yo me siento muy bien aquí. Antes bebía mucho y gracias a la ayuda que me brindaron los compañeros de este centro, logré recuperarme. Mi vida es muy tranquila, paseo por los alrededores, tengo muchos compañeros y eso me hace ser más feliz cada día”, comenta Benito García Castro, anciano interno.
El hecho de que las condiciones pueden mejorar aun más, constituye una realidad. Sin embargo las que existen actualmente permiten a ancianos internos y semi-internos encontrar un hogar en compañía de otros abuelos, que además les garantiza alimentación, asistencia médica entre otros beneficios que ofrecen estas entidades.
“Todo aquí es especial. Los médicos y enfermeras son muy buenos y la comida ha mejorado mucho. Nosotros pagamos dos pesos en moneda nacional (MN) diariamente, y contamos con medicinas, ropa, zapatos y una sana alimentación. Tenemos de todo y con solo 60 pesos MN no se puede pedir mucho más”, refiere Ismael González Sánchez, anciano interno.
Llegar a la tercera edad trae consigo una mayor dedicación por parte de familiares. Todos no cuentan con ellos por una razón u otra, pero sí con instituciones y especialistas que ofrecen sus cuidados para recibir a cambio el reconocimiento social por su trabajo y esa valiosa sonrisa de gratitud de quienes no tienen nada más que dar.